martes, 3 de noviembre de 2015

3º reporte Vanguardia, Viernes 06 de noviembre

Lit. Mexicana 7 (Siglo XX)
3er. control de lectura

Vanguardia Mexicana

Escribir una breve nota crítica sobre alguno de los escritores representantes de alguna de las dos posturas de los dos movimientos de vanguardia en México: Estridentismo o Contemporáneos. O sobre Julio Torri y la minificción.


·       Manifiestos Estridentistas, poesía Manuel Maples Arce





· 
La señorita etcétera 
de Arqueles Vela















Contemporáneos.

             José Gorostiza (1901-1973)
              Jaime Torres Bodet (1902-1974)
              Gilberto Owen. (1905 -1952)
              Jorge Cuesta (1903-1947)
              Xavier Villaurrutia (1903-1950)
            Carlos Pellicer (1897-1977)
            Bernardo Ortiz de Montellano (1899-1949)
            Enrique González Rojo (1899-1939)


Desarrollar un tema y un concepto teórico.
Extensión: Dos cuartillas. La transcripción de algún poema será en hoja aparte.

Tipografía Arial o Times, 12 pts.
Interlineado 1.5
Justificado.

Se calificará sobre 100 pts.  
Se tomará en cuenta, además de los puntos antes señalados: 
o   entrega en fecha y hora (viernes 06 de noviembre, 10:00 a.m.)
o   argumentación
o   puntuación
o   ortografía
o   erratas

o   citas (cualquier plagio detectado ocasionará una calificación reprobatoria  de 0.0 pts).

lunes, 2 de noviembre de 2015

OSCAR DE LA BORBOLLA: MINIBIOGRAFÍA DEL MINICUENTO

OSCAR DE LA BORBOLLA: MINIBIOGRAFÍA DEL MINICUENTO
                      
Como no nacemos sabiendo, ni el saber nos viene en la memoria genética, es forzoso que haya en nuestro pasado una etapa cuando nada sabíamos acerca de algo. Por lo regular, solemos olvidar ese tiempo y vivimos con la vaga impresión de que desde siempre fuimos como somos ahora. Para ilustrar esta idea, he de decir que yo casi no puedo imaginarme cómo fue que aprendí a leer, no soy capaz de verme en esos años párvulos ante el tapiz indescifrable de las letras de un libro, ni dibujando mil veces con la mano crispada mis primeras vocales. Sin embargo, así debió de ser, pues nadie sale del analfabetismo sin emprender titánicos esfuerzos.

No obstante, mientras que hay muchas experiencias cuyo origen en mí se ha borrado, hay otras que tengo perfectamente bien fechadas: recuerdo, como si fuese sido ayer, mi primer coito, mi primer romance, el primer golpe que me hizo rodar inconsciente en medio del griterío y las burlas de mis compañeros de la escuela primaria. Con esta nitidez guardo el recuerdo de mi primer contacto con el minicuento. Ocurrió en mi pubertad, cuando mi carácter retraído y huraño me aislaba de la gente y me lanzaba no a las autistas pantallas de los videojuegos de hoy –esos escapes no existían entonces-, sino a las calzadas de los cementerios, al laberinto de tumbas que hay en los panteones, pues era un púber romántico que, con un libro bajo el brazo, se perdía entre las criptas en busca de un sauce que diera sombra a su lectura. Y una tarde, me instalé bajo un pirul que salpicaba las páginas de mi libro con su viscosa savia. Harto de la llovizna vegetal, me levanté y descubrí el minicuento: los mejores minicuentos, la antología más maravillosa de minicuentos. No me refiero –y no se me tome a mal- a los escritos por Monterroso ni a los poemínimos de Huerta, que sin duda son espléndidos, sino a los minicuentos perpetrados por los primeros minicuentístas, por los verdaderos inventores del género, es decir, a los minicuentos que figuran en la mayoría de las lápidas: a los epitafios: “1919-1958, mamita: tus hijos te extrañan”, o aquel otro más lacónico aún que decía: “Sin ti no vivo, Pepe”.

Me encantaba caminar por el panteón de Dolores, sentir con los dedos los surcos empolvados de las letras labradas en las placas de mármol, la frialdad habladora del granito. Entonces no sabía, por supuesto, que esas brevísimas historias constituían un género literario: pero sí sabía que eran frases sentidas que resumían vidas enteras y me dedicaba a expandirlas, a desenvolver con la imaginación los detalles omitidos por los redactores y de un simple epitafio generaba una novela completa: tres o cuatro horas frente a cualquiera de esas frase me permitían comprender lo que sólo la buena literatura nos entrega: la alegre certeza de que existen muchas vidas y la trágica evidencia de que todas son truncadas por la muerte.


Mis paseos por los cementerios hicieron de mí un turista de la muerte, un intruso de los dramas ajenos, pues a veces me tocaban tumbas frescas y, al mezclarme entre los deudos, llegaba a conocer a los personajes llorosos que luego, pasadas las semanas, estarían con sus nombres en los epitafios, en los nuevos, recién publicados, minicuentos. Estos contactos no siempre me gustaban, pues era como si primero hubiese visto la película y luego leído la novela y, como se comprenderá fácilmente, no siempre es la mejor forma de acercarse a una historia. Prefiero el escueto epitafio al vivo drama familiar in extenso.

La vida puede tener mucha paja, en cambio la literatura es por fuerza sintética. Ahora sé que el resumen se logra mediante la elipsis, que para cargar de asunto las palabras es necesario suprimir esa necia y sosa infinidad de detalles que sobran, y sé que el minicuento es el fruto de la máxima elipsis. Esto lo aprendí no en los libros, sino en los cementerios, pues la muerte es la elipsis por antonomasia, la que suprime en serio, y por ello suelen ser tan serios y tan elípticos los epitafios. Así, nada tiene de extraño que el minicuento haya surgido emparentado con la muerte y que los panteones de todo el mundo sean insuperables antologías del minicuento.

Ahora, para terminar, voy a ofrecerles, en primer término, el mejor minicuento que conozco, en segundo, el más famoso y, finalmente, uno hecho por mí para esta ocasión y que, espero, sea el definitivamente más corto de cuantos puedan inventarse:

El mejor minicuento que he leído está en una lápida del Panteón Jardín: consta de una sola palabra, pero es una palabra que resume la vida de varios personajes, que muestra la pasión, los disgustos, los desgarramientos, la traición, los celos, la decepción, la rabia. Sobre una sobria piedra negra puede leerse esta hondísima historia: “Desgraciada”.

El más famoso minicuento forma parte de la literatura épica y está armado con narrador autodiegético: es la archiconocida frase dicha por César al vencer a Farnaces: “Veni, vidi, vici”. Aclaro que César la compuso con cabal conciencia y con plena intención de síntesis, pues buscaba informar al Senado, con una historia rápida, la rapidez de su victoria.


El minicuento más breve posible empecé a componerlo en mi perdida pubertad de paseante de panteones, en los tiempos cuando descubrí mi vocación literaria y filosófica. En él se resumen no sólo mis dudas ante la vida y la muerte, sino la incertidumbre universal del hombre ante el destino. Este minicuento dice exclusivamente: “¿Y?”


viernes, 2 de octubre de 2015

2º Reporte de Lectura. Entrega 10 de octubre.

Lit. Mexicana 7 (Siglo XX)
2º control de lectura


Elegir una de las siguientes obras para hacer un breve comentario crítico:

v Poemas de Ramón López Velarde  
 v Ifigenia cruel de Alfonso Reyes

v Ulises criollo de José Vasconcelos
v Vámonos con Pancho Villa de Rafael Felipe Muñoz
v La sombra del caudillo de Martín Luis Guzmán.

Extensión de dos cuartillas.

Tipografía Arial o Times, 12 pts.
Interlineado 1.5
Justificado.

Incluir:

§  Introducción.
§  Desarrollo.
§  Conceptos vistos en clase.
§  Conclusiones y bibliografía. 

Importante: Es necesario desarrollar algún concepto visto en clase (10 pts) y un tema (10 pts.)

Tomar en cuenta: características del autor y de los textos elegidos dentro del contexto histórico y literario.

Se calificará sobre 100 pts.  
Se tomará en cuenta, además de los puntos antes señalados: 
o   entrega en fecha y hora (viernes de 10 octubre, 10:00 a.m.)
o   argumentación
o   puntuación
o   ortografía
o   erratas

o   citas (cualquier plagio detectado ocasionará una calificación reprobatoria  de 0.0 pts).

martes, 1 de septiembre de 2015

1er. control de lectura 08 de septiembre 2015.

Lit. Mexicana 7 s. XX
1er. control de lectura

Elegir una de las tres opciones siguientes:

o   1. Elaborar una breve reflexión crítica en torno a alguna de las lecturas de cualquiera de los temas o autores de inicios del siglo XX vistos en clase: los editores Ignacio Cumplido y Santiago Ballescá; cuentos de Victoriano Salado Álvarez; Santa de Federico Gamboa; o poesía de José Juan Tablada.

o   2. Escribir hasta cuatro Haikús y redactar un análisis crítico de la composición de este ejercicio.
 
o   3. Hacer hasta cuatro caligramas y redactar un análisis crítico de la composición de este ejercicio.


Desarrollar al menos tema y un concepto crítico de los vistos en clase.
Extensión: máxima de dos cuartillas.
Tipografía Arial o Times, 12 pts.
Interlineado 1.5
Justificado.
Incluir: Introducción, desarrollo, conclusiones y bibliografía.

Se calificará sobre 100 pts.  Se tomará en cuenta, además de los puntos antes señalados: entrega en fecha y hora, argumentación, puntuación, ortografía, erratas y citas (cualquier plagio detectado ocasionará una calificación reprobatoria  de 0.0 pts).


Fecha de entrega: Viernes martes 08 de septiembre de 2015, 10:00 am

lunes, 17 de agosto de 2015

"Decálogo del perfecto cuentista", Horacio Quiroga

Decálogo del perfecto cuentista


I
Cree en un maestro —Poe, Maupassant, Kipling, Chejov— como en Dios mismo.
II
Cree que su arte es una cima inaccesible. No sueñes en domarla. Cuando puedas hacerlo, lo conseguirás sin saberlo tú mismo.
III
Resiste cuanto puedas a la imitación, pero imita si el influjo es demasiado fuerte. Más que ninguna otra cosa, el desarrollo de la personalidad es una larga paciencia.
IV
Ten fe ciega no en tu capacidad para el triunfo, sino en el ardor con que lo deseas. Ama a tu arte como a tu novia, dándole todo tu corazón.
V
No empieces a escribir sin saber desde la primera palabra adónde vas. En un cuento bien logrado, las tres primeras líneas tienen casi la importancia de las tres últimas.
VI
Si quieres expresar con exactitud esta circunstancia: "Desde el río soplaba el viento frío", no hay en lengua humana más palabras que las apuntadas para expresarla. Una vez dueño de tus palabras, no te preocupes de observar si son entre sí consonantes o asonantes.


VII
No adjetives sin necesidad. Inútiles serán cuantas colas de color adhieras a un sustantivo débil. Si hallas el que es preciso, él solo tendrá un color incomparable. Pero hay que hallarlo.


VIII
Toma a tus personajes de la mano y llévalos firmemente hasta el final, sin ver otra cosa que el camino que les trazaste. No te distraigas viendo tú lo que ellos pueden o no les importa ver. No abuses del lector. Un cuento es una novela depurada de ripios. Ten esto por una verdad absoluta, aunque no lo sea.
IX
No escribas bajo el imperio de la emoción. Déjala morir, y evócala luego. Si eres capaz entonces de revivirla tal cual fue, has llegado en arte a la mitad del camino.
X
No pienses en tus amigos al escribir, ni en la impresión que hará tu historia. Cuenta como si tu relato no tuviera interés más que para el pequeño ambiente de tus personajes, de los que pudiste haber sido uno. No de otro modo se obtiene la vida del cuento.

Horacio Quiroga